 Una fábrica de carruseles
alegra una calle de Nueva York
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En un viejo taller de una calle neoyorquina, sonrientes
caballos de fibra de vidrio se amontonan junto a las paredes,
flanqueados por paneles de colores brillantes y rodeados por el
aroma a madera serrada y pintura fresca.
23/Jul/2002.-Es el taller principal de la
empresa Fabricon Carousel Company, que se dedica a la fabricación y
venta de tiovivos en el barrio de Brooklyn.
Una mañana reciente, docenas de artesanos de la fábrica daban los
toques finales a una amplia serie de figuras de animales y al
mecanismo que enviará a miles de niños en un divertido viaje en
círculos.
"Donde quiera que los instalemos, la reacción es siempre la
misma", dijo el dueño, Marvin Sylvor, acerca de sus carruseles. "Los
hemos instalado en China y en Arabia Saudí, y los chicos siempre
llegan corriendo. Se la pasan riendo, es evidente que se
divierten".
Durante los últimos 17 años, el taller ha producido más de 70
carruseles para parques de diversiones y centros comerciales en todo
el mundo, desde Hong Kong hasta Sao Paulo, pasando por Singapur y
Chicago.
Todo se inicia con un perímetro dibujado con tiza en el piso de
la fábrica. Durante los meses siguientes, artistas y artesanos
crearan los animales y los paneles. Primeramente se monta la
plataforma circular del tiovivo, sobre la cual se erigen los tubos
metálicos verticales a los que se adosarán las figuras de los
animales. Luego se instala un motor de tres caballos de fuerza
encargado de hacer girar la plataforma con sus tubos y figuras.
Actualmente, Fabricon trabaja en un carrusel de 6.6 metros de
diámetro comisionado por el centro comercial Lake Square Mall, en
las afueras de Orlando, Florida.
A pesar del sonido de las sierras y de una radio tocando a todo
volumen una canción de The Who, un gato plateado llamado Visitor
(visitante) duerme tranquilamente en una caja de cartón, sin que
nada parezca molestarlo.
El carrusel tardará seis meses en ser completado y tendrá un tema
náutico. Los paneles estarán adornados con sirenas y en lugar de
caballos habrá manatíes y delfines.
"Tratamos de modelarlos de acuerdo al área donde van a ser
colocados", dijo Sylvor. Por ejemplo, un carrusel en un centro
comercial de Grand Forks, Dakota del Norte, presentaba personajes
del lejano oeste, mientras que uno realizado para un casino en Macao
tenía pagodas.
Sea cual fuere su decoración, los carruseles parecen ser un buen
negocio.
"Los carruseles son muy populares en los centros comerciales.
Muchos de ellos quieren tenerlos debido a que atraen a familias con
niños y es en gran medida nuestro mercado", dijo Larry Scollo,
administrador del centro comercial Lake Square Mall.
Los tamaño varían. Fabricon maneja seis medidas, desde 6.6 hasta
15 metros de diámetro, aunque sus artesanos son flexibles.
"Yo lo hago según las necesidades del cliente", dijo Sylvor.
"Hago lo que el cliente quiera".
El mayor carrusel de la compañía fue producido para el parque
Riverfront, en Nashville, Tennessee. Con un diámetro de 18 metros y
capacidad para más de 70 personas, tardó casi dos años en ser
completado.
Cada carrusel tiene distintos animales, para acomodarse a los
gustos del usuario. Hay caballos que bajan y suben, los hay que
están quietos y quizás algunos carruajes también.
Y hay que mencionar también la música. Muchos carruseles actuales
usan solamente un tocadiscos compacto para hacer sonar música
carnavalesca, pero por unos 40,000 dólares más, la empresa instalará
una máquina musical que funciona con rollos de papel como las
pianolas.
"Suelen desafinarse, así que mucha gente prefiere el tocadiscos",
dijo Sylvor.
Alternativas hay muchas, pero no necesariamente baratas. Un
carrusel básico de 6.6 metros de diámetro cuesta unos 200,000
dólares.
Terra/AP
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